El respeto al café de Marisa Baqué

El café empieza mucho antes de la taza.

En esta entrevista de Altura TV, Marisa Baqué nos invita a mirar el café desde un lugar más profundo: el respeto por todo lo que hay detrás de cada grano.

Para ella, todo comienza en la materia prima. Conocer el origen, entender el producto y ser consciente del trabajo que hay detrás es fundamental para poder transmitir algo auténtico al cliente.

Pero también hay otro objetivo claro: acercar el café a quien no sabe de café. No se trata de hablar de notas complejas ni de exigir conocimientos, sino de algo mucho más sencillo: que alguien pruebe una taza y diga “qué rico está”.

Porque el café no es solo sabor. Es contexto. Es comunidad. Es el trabajo de miles de familias en origen, de productores, tostadores y profesionales que forman parte de una cadena que debe cuidarse en cada paso.

Marisa insiste en una idea clave: el respeto.

Respeto al caficultor. Respeto al trabajo que hay detrás de cada lote. Respeto a todo el esfuerzo que implica llevar ese café hasta la taza. Un respeto que nace, en su caso, tras haber podido viajar a origen y ver de primera mano lo que supone producir café.

Ese respeto se traduce en responsabilidad. En no estropear el trabajo previo. En cuidar cada detalle.

El mercado, además, está cambiando. Cada vez más personas descubren que el café puede ser dulce, equilibrado, sin necesidad de azúcar. Y cuando eso ocurre, no hay vuelta atrás.

El café de especialidad crece porque el consumidor empieza a entender que puede disfrutar de algo mejor.

En su caso, todo comenzó hace muchos años, en 1988, cuando tuvo su primer contacto con la cata de café junto a un catador profesional. Fue un momento clave. Ahí empezó todo.

Desde entonces, no se ha desenganchado.

Hoy, como tostadora, entiende el café casi como una cocinera: cada grano es diferente, cada proceso requiere atención, sensibilidad y experiencia. No hay recetas fijas, hay interpretación.

Sabe que un café está listo cuando encuentra equilibrio: en el aroma, en el dulzor, en la combinación de sus atributos.

Porque, al final, tostar café no es solo técnica.

Es conocimiento, es sensibilidad… y es pasión.

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